miércoles, 29 de febrero de 2012

Canilla Libre.


Ya no más la espera, la paciencia, quedarse quieto y que todo suceda.
No pensar dos veces la próxima jugada.
Un viaje que no se detiene, rápido, sin vuelta atrás. Desenfrenos y violencia.
Un enojo con fines autodestructivos.
Un tinto que busca asfixiar, un cuerpo sin cuerpo que busca respirar.
Falta de entendimiento que desemboca en una frase: Me chupa todo un huevo.
Cajones y fotos, imágenes que creí reprimir. Sigo sin poder.
Vueltas en círculos y negación a las pastillas.
La vida que no es vida, no es propia, es azar. ¿Y entonces qué? ¿Para qué?
No lo sé.
Abrir la boca y tragar. Tragar más. Más y más, hasta que la vista vea nublado. Hasta que no ver se torne forma de alivio.
Salir a la calle y no volver. Acostarse a dormir y no despertar. Todo es azar.
No te asustes. Igual no sé muy bien.
Impulsos que van en busca de la empíria. Cerrar los ojos y estallar.
Abrir la boca y tragar. Cólera y congoja, levantar el pulgar. Está todo bien.

Casi casi trescientos sesenta y cinco días de Canilla Libre.

No hay lógica. Ya la busqué y no la encontré. Sí vomité. Y me dormí. Y me desperté dos horas después de donde tenía que bajarme. Pedí un remis y no pude decir donde vivía.
Las palabras que se arrastran agónicas y la imagen...mejor dejala ahí.
La botamanga salpicada con meo. Vahos de la noche.
Ya no hay paciencia ni modales. Quiero saber si es azar. No me digas más nada. Quiero buscar y comprobar.

Los hechos desnudos. Pintó el bardo y siempre zafé.

Trescientos sesenta y cinco días y un poquito más, todo parece volver a su lugar.
Si nos vamos a volver a ver, no lo sé. Tampoco sé si quiero saberlo. No perder más el tiempo con eso. Mejor andar, andar sin preguntar. Hay cosas que siempre guardo y otras que no tengo que saber.
En remolinos grité que nada tiene sentido y todo se apaciguó.
Cerrar los ojos y dejarse llevar. Respirar y reir.
Putear y si te pinta, te toco el culo. Total...¿Qué?
Reconcilio y ganas de seguir.

La canilla sigue libre. Y yo te levanto el pulgar.

lunes, 3 de octubre de 2011

Noctámbulo

Los estruendos rebotaron en el tímpano y la calle fue la salida urgente. Son tiempos de primavera pero el fresco de la noche es el mismo que vi noctámbulo en Abril.

Un pasillo largo sin luz, angosto, con una profundidad difusa, la piel de a poco se pone pálida, los dedos toman contacto con el frío del cemento que revisten las paredes. Los pies se sienten intranquilos, piden avanzar sobre las baldosas sin iluminación. Mil puertas se dejan ver y un no sé qué dice que hay que abrirlas.

El impulso y el instinto toman el control, piden otra botella y abren una puerta. Nuevamente se presenta el pasillo angosto y más puertas. Ya estoy implicado en esta búsqueda y acepto tener que abrir más puertas esta noche.

Otra botella, gira el picaporte y otra vez se presenta el pasillo sin luz. El tinto comienza su efecto y el cuerpo se resiste a dejarse vencer. La voluntad se confunde con un fastidio incipiente. ¿Esto es un chiste de borrachera?

Escucho voces -se oyen conocidas- me piden que deje todo esto y que vuelva. avanzo por el pasillo y pienso en eso de que tengo que volver. Otro tinto e insisto en abrir una nueva puerta. El impulso se empecina a seguir adelante sin retroceder. Sin frenos, sigo la búsqueda.

Quizás pase toda la noche en el pasillo buscando abrir puertas, o tal vez llegue a una de ellas que me impida abrirla. Quiero llegar ahí, donde ya no pueda abrir la puerta, y que indique que la marcha finalizó.

Ya no puedo salirme de este dédalo que lo psíquico se encargó de construir. En realidad no es un laberinto, sólo un pasillo recto, sin fin. La necesidad de encontrar eso, que aun no sé qué es, me empuja hacia adelante. Otra botella.

Un sacudón me sorprende desde la parte derecha de mi cuerpo, una mano intenta detener el paso, pero me resisto, y sigo adelante. Nueva puerta, otra botella y el mismo pasillo enfrente al abrir. El cuerpo comienza a ceder. Las voces se escuchan ininterrumpidamente e insisten con eso de que pare y vuelva.

Estoy parado en un límite. Piso una raya que, me indica que de un lado me espera la inconsciencia, del otro la consciencia, la vida. Resulta tentador lo que me espera. Genera intriga saber con qué puedo encontrarme al cruzar la raya, qué me espera, quién me recibe, que cuerpo me dará el abrazo de bienvenida, con que recuerdos me vuelvo a encontrar para que sean míos para siempre.

Quiero verlos. Saber que están ahí, verles las caras.

El pecho hace una leve convulsión. Despabila y me aleja de aquel lugar.

Ahora la calle, mis pasos sobre la vereda y el fresco de la noche de Abril. Arriba la noche con su luna. El cielo muestra el preámbulo de una posible tormenta.

Abro los ojos y la decepción se hace presente una vez más. No te voy a encontrar.

Hace un año de tu muerte y no te voy a encontrar, por más que siga noctámbulo abriendo puertas por el resto de la eternidad.

jueves, 21 de julio de 2011

Desde el estribo


Un día más.
Otro viaje más. Desde el andén observamos atentamente como va disminuyendo el paso, calculamos como una bestia que calcula el momento exacto para saltar sobre su presa. El San Martín frena y arrebatadamente subimos para encontrar un lugar afortunado, es decir, subir hasta lo más alto del estribo, el escalón que esté más cerca de la puerta para no sentir el frío de lleno.
Son las 18:30 de un martes de Junio.
Mi mano derecha se aferra y un pie me mantiene vivo, la otra mano apreta la carpeta.
Mis ojos se topan con lo que muestra el viaje, a la izquierda un paisaje borroso, mezcla de colores, grises, marrones, vagas siluetas. Allá adelante, el perfil de la villa que, de inmediato, me trae el recuerdo de recorrerla por los pasillos con Leo, cuando íbamos a comprar.
Miro la perspectiva de las vías que se aproximan a Williams Morris.
El óxido es trivial acá. El sonido a crujido de los hierros causan un leve temor. Los cuerpos que se ven más vulnerables que nunca, se balancean al compás de los vagones, lentamente, en absoluta armonía.
Las carnes recubren las chapas blancas. Los hierros envuelven las carnes. Es un solo en velocidad.
La idea de caerse no se menciona, por las dudas de traer a la mala suerte.
El tren frena y bajamos por dos segundos, los cuerpos arropados se rosan, se chocan, buscan respirar. Se escucha un silbato y volvemos a nuestros lugares.
Ahora voy al revés, de espalda a la próxima estación, mirando los colgados de la puerta que sigue. Me miran, los miro. Caras conocidas, gestos cansados, resignados, sucios, con el culo en las manos.
Otro día más.
Otro boleto, otros compañeros de viaje, mejor dicho, compañeros de estribo.



(La pintura: "estribo cotidiano" Oleo s/madera - 2007)

lunes, 25 de abril de 2011

Expediente


Caso L.

Ella carga con un historial que no quería recordar muy seguido. Pero tiene ese no sé qué, que atrae. Formó un séquito de fieles a su devoción que le festejan sus movimientos. La sostienen, la levantan, la mantienen a flote, le inflan el Ego asquerosamente. Los Viernes por la noche cuando los fantasmas acechan, huye dando señales de vida a los eufóricos devotos que la esperan. Esperan recibir las migajas.
Revolotea desesperada, como quien se está ahogando. Entonces la búsqueda para salvarse con algo que flote de última. O hundirse con ese algo. El temor pasa por no verse frente a los espejos, a los cuales hay que evadir constantemente.
El temor pasa por no verse.
Los devotos apiladitos, uno arriba del otro son iluminados, a veces, por sus milagros. Esperan ansiosos que les toque su turno, mientras tanto izan la bandera de la paciencia como buenos amigos.
Hipocresía de cobardes.
Al silencio, matarlo con ruidos. La mueca rota, pintarla con roush. La boca no puede estar seca, siempre una saliva. La lágrima no puede rodar, la mierda no puede aflorar en el jardín.
Hoy me llamó, pero ya soy ateo.

Caso C.

Tuvo una adolescencia tranquila y cómoda: colegio privado, abanderada, responsable y aplicada. Siendo parte del grupito de las “tops”, que decidían quienes formaban parte del grupo selecto, y quienes no. Las reuniones se hacian en la chalet con más tejas , signo de quién la tenía mas larga. Hasta que todo terminó. Cumplió 18 y su incipiente mundo de la adultez arribó: Facultad, transporte público y sentirse desencajada del mundo. Crisis de la curva.
Ahora anda por los bares (ya no los bolichitos) , la da de rockera, sabe las canciones de Zepellin, toma drogas y arma líos para sepultar la nena buena que fue. Escupe. Toma del pico. Putea. Se jacta de ser putita.
“ya me porté demasiado bien” – quiere romper con los mandatos familiares.
De familia de inmigrantes ingleses, que supieron mantener el status a pesar de los 90’ neoliberales. Sus padres quieren y esperan, que su promesa princesa ceda ante un tipo de su altura.
"Me gustan los tipos que andan en el ambiente artístico" - dijo mientras fumaba en la cama.
Ayer la vi, paseando con su novio, el hijo del mejor amigo de su papá.
Y ya no la vi en el bar.

Caso F.

Tener. Me quiso, me tuvo. La marcha lenta con la carga de los estigmas, propios de lo pasado pesado. Dicen que es bueno adquirir experiencia, pero de lo que se adquiera de ésta, se gana también en desconfianzas. Andamos por una encrucijada. Fuimos tanteando sobre la oscuridad, inseguros y mal heridos. Damos el golpe primero y usamos el cuchillo, lo hundimos en la carne del otro (perseguido por el pasado) por las dudas. Sacamos a relucir la oscuridad para recibir la luz, a veces, boicoteandola.
La química nos supo sobrellevar calmos. El agua amanecía diáfana.
Hasta el último sudor, estábamos contentos.
¿Cuánta distancia hay entre el cielo y la tierra? – un día.
Un día y después, derrocaron al rey sin violencia: descarte.
Silencio de la no respuesta.
Indiferencia del par de medias de ayer.
Barro y las bocas, sus roces. Risas y desprecio. Negación.
Veo detrás del telón su coqueteo, sus tacos flojos, su lengua larga, su entusiasmo.
En otra nueva víspera.

(Los personajes son ficticios, cualquier semejanza con la realidad, es mera coincidencia)

La Pintura: "Jefas del nido" Oleo S/madera 100x80cm.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Inventario del delirio


La brújula estalló llegando al final del viaje, que comenzó convaleciente y diáfano, hasta atravesar la turbia impaciencia. La fatiga del remero obliga.
Noches que acobijaron el roce de la piel, perfumando la duda entre metálicos roush, filosos coñac, arrebatando la caída en peso muerto de las cenizas. El reloj salvaje llegado a su punto, insistía en hacer erupción dentro de mi pecho, vomitando el odio hacia la especie nocturna teatral, dejándose ver ( A la vista de todos ) la miseria del mísero que acobardado hizo añicos el vidrio, lavándose la cara, dando por terminada una y otra vez la parafernalia del ocultamiento.

El invierno fue insaboro, mostrando tormentas cruentas que parieron relámpagos, iluminando un rostro frente al espejo que se atrevió a preguntarse revolviendo la mierda. No fue grato verle el lado mezquino del perro dañino que por temor, me mordió los tobillos cuando le di la espalda al despedirlo. Peligroso acercarse con tanta espuma entre los dientes, jugando al compañero fiel sacudiéndose las pulgas que lo atormentan.
Una noche me vi mordiendo el queso en las fauces de la trampera, un juego de villanos viejos que irrisoriamente intentaron jalar los hilos de la marioneta, provocando que el cieguito ya no tantee con su torpeza en la oscuridad.

No hubo tesoro ni nada al final del arco iris, pero escampó. Caricias que lavaron el sudor que había estallado sobre los fríos peldaños. Algo provocó. Un color que no conocía, o si , pero que ya había olvidado.
Fue del exilio que el hombresito gris se lavó los párpados, fumándose el olor a podrido que emana el miedo. En silencio escuchó la orquesta que comienza al anochecer, brindándose a la paciencia para el arreglo de chapa y pintura.

Vi el cartel que me avisó que no era lo que creía, casi casi, todo seguía siendo igual. El ensayo sobre mi ceguera concluye (por más que lo niegue) en la aceptación, un poco de naturaleza humana, nada más.
Ahora me veo sentado con la mirada puesta en la nada, todo da vueltas, huelo las baldosas que siento frente a mi nariz, la barra donde me apoyo no sé si me apoya.
La botella brota mi enfermedad.
El vaso que sostengo transpira, sabe que lo voy a hacer estallar contra la mugre del piso, como a la brújula, que desprecié una vez más.




La pintura : "Efectos" - Oleo S/madera - 100 x 80 cm.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Desde el último bondi



Las piernas tiemblan, las suelas queman a esta altura de la jornada, cuando veo que se acerca a unas cuadras el último bondi de la noche. Me subo y me desplomo contra la butaca. Me despierto desorientado, advierto que ya no hay nadie.
Asientos vacios, mugre acumulada, olores ajenos, escritos sobre las butacas, nombres-apodos, localidades, número de telefono de alguna puta o quizás algun travesti (sonrío), papeles de caramelos y un vomito en aquel asiento, me pregunto ¿Cuántos estuvieron a punto de sentarse sobre las ofrendas?
Estoy en un cementerio de rutina, el escenario donde desfilaron incesantemente personajes anónimos que solo dejaron los cadáveres del día, otra pregunta ¿Cuántos se habran hecho los dormidos para no sederle el asiento al viejo?
En este último bondi viaja el chofer, los restos de la jornada y yo.
Voy pensando en el día, en mañana y en el Viernes, que me encuentro con Soledad . Ahora faltan unos minutos para que sea Miércoles, mañana suena el despertador a las 6 y ya creo que estar dando vueltas en la calle me resta tiempo de sueño, me enrrosco. Puteo.
Abro el bolso, siento olor al conjuro blanco y negro que emana de entre mis cosas, mi cuaderno de bocetos, el lápiz Faber Castell que me regaló Leila, una lapicera negra, no mucho más.
Me agarra un ataque frente a la coerción rutinaria, siento la necesidad de terminar la jornada de otra manera, volver a mi, un cable a tierra, agarro la lapicera negra : Doy un salto y estoy sentado en el medio de la última fila de asientos, levanto la vista y veo esto.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ajedrez


La noche nos encontró tiritando el frió pero había abrigo para uno de los dos. Quede dando vueltas sin rumbo, pisando los adoquines, buscando un lugar que contenga la piel pálida, los labios morados. El amanecer me descubrió haciendo garabatos.
Vos escribiste impulsivamente otra historia, loca, histericamente nerviosa, vomitando en un baño los restos. Escribiste en otra hoja rovolviendo el barro con los dedos. Cuando te cruzé en la calle, cruzamos la mirada y vi el esfuerzo tuyo por sonreir. Supe que CREÍSTE escribir otra historia.
El cuento es siempre el mismo, solo cambías los personajes de lugar, de perfume, de vestimenta, de color. Los llamás : Coqui, Pipi, Bichi,Chichi, Chochi, Chachi, Chuchi, a mi me decías Loquis. La intención es la misma, llenarte el castillo dorado de flores de plástico, esperar que el príncipe te bese y te despierte de tus pesadillas para subirte a la carroza-calabaza.
Los mismos gestos, el mismo lugar que elegís para besar, el mismo roce, el mismo escenario, distinta saliva.
El maquillaje se lava con la lluvia y el barro nos hace patinar cayendo en la mugre, bebemos el agua de la miseria. Sólo quedan las exequias.

Sigo haciendo garabatos.

Ahora entiendo el juego de ajedrez; piesas que se comen, que se cambian, que se caen, que se tiran, piesas de distintos colores, supuestos contrastes, piesas de madera. La madera se pudre y se agusana... el resto es otra historia.

Me caen tus sobras. Sigo haciendo garabatos.

martes, 6 de julio de 2010

Fantasmas


Un solo desafinado me aturde de incertidumbre y paraliza el tiempo entre estas cuatro paredes llenas de humedad. Sentado en el límite del pasado y el presente me observo quieto. Escucho el zumbido de los fantasmas que pasan al ras de mi inconsciente consciencia, ese ruido que expresa que el tiempo no es tiempo, sino una ensalada de imágenes sucias y sabores que el paladar ya degustó:

¿Somos lo que somos, por lo que fuimos alguna vez? O ¿lo que fuimos condiciona lo que somos y proyecta lo que seremos?

Los fantasmas se hicieron presente.

Con una mano trato de mantenerme estable sobre las incertezas, con la otra detengo el ataque de estos fantasmas, que vuelven y revuelven refregándome que siguen intactos. Respiran mis dudas sin descansar. Esos rostros desdibujados que había anidado sin color en el placard y que ahora salen llenos de vida, radiando el malestar que decora este ambiente. Piden a gritos desenfrenados ser escuchados y que ponga las cosas en su lugar.
Buscan que los entierre nuevamente, quieren descansar en paz.

Mi cabeza, ¿Quiere sepultarlos?

Esto es enfrentarse con los fantasmas: pasado y presente interactúan sin importar el giro mecánico de las agujas del reloj.
Cuando la mugre se asoma de abajo de la alfombra; cuando se siente el penetrante olor a podrido del cadáver que escondimos en lo recóndito; cuando cruzamos esa mirada que ya no nos miraba desde hace tiempo; cuando tiemblan nuestros mecanismos de defensa; cuando el diván es nuestra mentira; cuando la mentira es una cabo suelto de la verdad, aparecen los Fantasmas saqueándonos la supuesta tranquilidad.

Es la guerra sin violencia, sin sangre ni vencedores, no hay muertos, si recuerdos, estruendos de imgánes que reviven mientras sigo sentado sobre las cenizas. En este paisaje, mis manos cuidan mis sienes y mis oídos, que no quieren escuchar el roce de esos cuerpos que entran y salen de mí, salando lo que ahora se abrió, acorralándome.
Decido enfrentarlos aceptándolos, aceptando que ahora están conmigo.
Quizás estuve equivocado.
No había que anidarlos en el placard sin color, tampoco tenía que ocultarlos.
No hay que negar los fantasmas .
hay que dejarlos ser, y que ellos decidan cuando abandonarme.

domingo, 9 de mayo de 2010

Círculos


Era una época buena, convivía en absoluta armonía con el sol del verano. Radiaba alegría, me despertaba pensando en tu cara y me acostaba pensando en tu cara. Los días me descubrían con una nueva inspiración artística, sacándome de la falta de creatividad que arrastraba hace varios meses. Escribí una poesía que hablaba del aleteo rabioso de las mariposas en la barriga y cosas por el estilo. También escribí una canción, la más cursi, que decía : ”…La cascara tiene vitamina c y que rica es, soy feliz, sol naranja?…” era un torrente de creaciones.
Desde que empezamos, aprendí a estar en paz. El carro marchaba y los melones se acomodaban como signo de nuestra química, mi Ego solo proyectaba un cielo completamente despejado. Repleto de plenitud, en una tarde de sol que encajaba para tomar un helado con vos.
Y así fue.
Entramos en una heladería y advertí al segundo de pisar ese ambiente de azulejos blancos, la mirada de un cuervo merodeando alrededor de un cadáver, su presa. El comerciante parecía que nos esperaba desde antes, era un tipo de contextura física ancha; pelo largo negro; barba candado; un poco transpirado; nos miró con una leve sonrisa al esperar que pidamos los gustos. Pido mi helado y el tipo me ofrece: - "¿agregás salsa de chocolate o de frutilla?" - "nada", digo, mientras preparaba mi pedido en sólo unos segundos (Por dentro, elogié la facilidad que tienen estos tipos en jugar con esa sustancia fría y cremosa, venciendo las leyes de la gravedad para entregar un producto de consumo firme e impecable) . Luego pide ella y observo que de la barba candado del comerciante, resalta un brillo amenazante -pero como siempre pasa, ellas no se percatan de las verdaderas intenciones- mientras el tipo preparaba un fálico cucurucho.
Empezamos a buscar un lugar para sentaros y disfrutar del momento, cuando me dice:
“¿viste como me preparó el helado? Le dió una forma pensando en cómo lo chuparía, imaginándose cómo le chuparía también su pene”
Mi cara se transformó y sentí que entraba en erupción mi sangre, haciéndose la luz en mis abandonados callejones oscuros.

-Sentí que volvía lo peor de mí-

Un castillo de arena se esfumó, el cristal se rompió dejando añicos del incipiente tiempo. Mi cabeza puso en funcionamiento los engranajes, una ametralladora de preguntas empezó a dispararme.
Algo se terminó en mí y dejaba libre el comienzo de otro Yo.
Lo que siguió a ese episodio fueron meses de atenta atención, trataba de develar su verdadero rostro, con una lupa rastreaba cada actitud, cada palabra que fuera una pista hacia la verdad que ella ocultaba y me ocultaba. Dejó de ser una simple chica que estaba conociendo, para convertirse en un ratoncito con deseos de morder el queso que yo mismo puse en la trampera. Mi trampera.

Me costó trabajo desdoblar mis actitudes. Por un lado el hombre que la cuidaba y le brindaba sus gustos sin chistar, quizás gustos de más, para que no tenga ni la más leve sospecha. Por otro lado tenía un excelente estratega, frío, calculador, observador (recuerdo cuando era chico y seguía con mi lupa a las hormigas, mientras los rayos del sol penetraba en el vidrio con aumento, petrificando a las manchitas negras que se revolcaban por el piso).
Almacené muchas situaciones. Horas de escuchas donde me abstraída de la conversación para poder leer entre líneas, esa palabra clave, algún acto fallido, que con impecable método, buscaba en cada momento el perfume de un futuro y posible engaño.
Un posible engaño, mejor dicho, sabía que me iba a cagar. Volvía a sentir esa sensación, Qué puta!

-Si hay algo que aprendí con el tiempo es a disimular-

Todo se volvió ámbito de observación e investigación. Todo me podía dar una prueba que afirmara mis conjeturas. Hasta nuestras relaciones sexuales eran buenos momentos para recolectar alguna falla: observaba su mirada, mezcla de dolor y placer, que mientras se perdía en el techo, yo indagaba en sus ojos cómo parecían buscar algo, como quien busca una foto en un cajón sucio, una foto con un rostro del pasado, un rostro que evidentemente no era el mío.

-Saboreaba que vos seguías siendo la misma. Yo no -

Mis cálculos bien guardados, mi locura que volvía con más energía llenándome de placer.
(A la persona analítica, le da placer ver como se dan los resultados de sus cálculos previos)
Yo sabía. Yo ya sabía lo que ibas a hacer!!
Solamente había que esperar.

Una tarde yendo en colectivo, no podía evadir mi manía de mirar hacia las plazas para ver si te descubría sentada en un banco con otro, pero no, lo que vi fue otra cosa desde la ventanilla. Eras vos entrando con cara de “no me di cuenta” en la heladería de azulejos blancos, la misma a la que te había llevado 5 meses y 3 días antes. YO LO SABIA gritaba en silencio triunfante, pero una baba empezó a caer por la comisura de mi boca, mi cuerpo empezó a temblar y tuve que bajar del colectivo para volver a casa. Tenía que pensar bien con que estrategia actuar, que fichas mover.
Tengo una línea muy delgada entre mi torbellino de pensamientos y mis acciones. Son situaciones. O pienso demasiado y actúo poco, o actúo mucho sin pensarlo demasiado.
Mi cuerpo tomo vida propia (dominaba la mente), revolvía cajones, cada rincón del placard, hasta encontrar lo que no quería encontrar. Me estaba enfrentando con un objeto del pasado, quizás nunca fue pasado, solamente el tiempo nos reencontró en el mismo punto.

Me vi entrando una noche a la heladería , ahora vacía (había vigilado desde la vereda de enfrente el momento oportuno) y al instante de pisar el ambiente, observo cómo me miraban esos ojos de cuervo, ese gordo repugnante, con su pelo sucio, pajoso, con la misma barbita candado que le quedaba tan ridícula. Sentía que hervía mi rostro, ya no había vuelta atrás.
"Acá estoy" pensé, volviendo a pedir un helado como en aquella tarde, hace 5 meses y dos semanas atrás.
El gordo puto me volvió a ofrecer si agregarle salsa de frutilla o chocolate, cuando desenvainé y miré al cuervo: “ no te asustes, agachate y abrí la boca”.
Lo miré con ojos húmedos, mi baba comenzó a chorrear nuevamente por mi comisura, la euforia me invadía. Le dije: “ con esta boquita me IMAGINO como chuparías mi pija”, el comerciante empezó a llorar como un condenado.
Los azulejos blancos, se enchastraron de salsa.

Tuve un minuto de revelación. Vivimos trazando líneas curvas porque son las únicas que nos dan la posibilidad de volver al punto que las inicia. Un circulo comienza con una línea curva y terminan con una línea curva. Los círculos siempre se cierran, pero ya no podía seguir cerrando círculos.
Sentí un metálico frío sobre mi sien y un click apagó la luz.

lunes, 22 de marzo de 2010

Menjunje - Resaca

Abro los ojos en medio de un campo de batalla. Aún escucho estruendos fugaces, aquellos gritos cargados de frenesí, todavía siento roces, conservo esos cuerpos felizmente desnudos. Mis parpados laten al ritmo de las luces que me alumbraron por segundos, mi piel tiene un perfume que no es el mio. Mi boca tiene gusto a esa boca. Siento el cráneo roto.
Abro la ventana y veo una ciudad gris, bajo un aguacero , otro día, otro tiempo y las cenizas de la noche de anoche.
Mi cabeza es un menjunje de situaciones. Es domingo.
Un leve esfuerzo de recordar y me veo en un rincón con vaso en mano, observo tu semblante al hablar, y comienzo a contrarrestar mi cobardía con estrategias para caminar adecuadamente sobre ese campo dinamitado : un posible diálogo.
La tarde cae bajo el sueño reparador, estoy en la cama y vuelvo a caer en la cuenta de que estoy pateando senderos en silencio. Trato de recordar cada momento de lo que pasó. Todo el carnaval se esfumó con el día, ahora estoy solo, vuelvo a pensar.
De todo ese colorido contexto montado, rodeado de personas, carcajadas, miradas que chocaban en el sexo opuesto, largos tragos, luces intermitentes, humo, música sismica, cuerpos (o carne) sólo quedan mis restos, ahora entre sábanas.
¿Por qué la noche dura tan poco?
Cuando la noche se aclara, amanecen las miserias.
Vos fuiste una más, yo fui un peón más en tu ajedrez. Me atravieza la pregunta de si en este preciso momento, me estarías regalando la reconstrucción de mi cara, por lo menos.
Al menjunje de mi cabeza se le suma el del estómago.
Apreto Play en el equipo y los parlantes escupen mi rock perdido. La hermosa nostalgia de que todo terminó, que lo nuestro quedó en la noche, ya somos ayer, ya somos dos extraños.
Mañana empieza la semana, la rutina. Al finalizarla se que voy a volver a estar ahí, firme con el vaso en la mano, lidiando con mi timidez, armando una nueva estrategia de comunicación : vas a volver a darme la victoria y al día siguiente resaca.
Menjunje de situaciones, de dolores y sabores.

Intento levantarme y me tumba el vértigo, acostado, espero bajarme de la montaña rusa.

viernes, 5 de febrero de 2010

Receso


Espacio físico - abstracto.
Sin compañia y aliento, pero sólo carne y huesos. Lo que pesa es la cabeza, sus engranajes giran,
trabajan hasta el cuestionamiento sin respuestas.

Creo en la duda de las creencias, mis movimientos hacen conflictos, lo trivial es comodidad.
Los esquemas en la cornisa, boca húmeda, silencio seco.

Nuestra imagen está hecha un bollito. Malabares con los días. Bollito que cada tanto regresa,
para mostrarme que estoy creciendo.

El universo en la cama, enciendo la luz. Los besos se esfuman junto a la oscuridad.
No hay nadie
Otra vez caigo: estoy en un receso.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Triste teatro de la alegría


El recorrido pega y acaricia al mismo tiempo. Enseña a perder para luego saber disfrutar de las victorias. Paisaje de invierno, escucho un blues.
En otro lugar vos hacés que te divertís, negando todo, negándote.
Las luces de ese circo precario alumbran tu sonrisa, la divinidad de tu cuerpo, pero sabés que cuando se baja el telón, la parte más oscura de tu cabecita derrama una lágrima.
Cuando el telón cae, las luces se esfuman, el maquillaje se corre, la noche se hace presente y deja ver lo que realmente somos. Pero mirar para otro lado, negar y reír, contrarrestan.
Triste teatro de la alegría funciona en un espacio donde los que ríen, lloran en realidad. Las caras que sufren, quizás gocen de su dolor. Bocas abiertas, mandíbulas que tiemblan, carcajadas roncas, gritos de tortura. Función y aplausos. Negaciones.
Sus manos vienen hacia nosotros : ¿Piden ayuda? Tal vez quieran pedir más. Quieren tragar más, imploran a Dionisio para que no se acabe el frenesí.
Hacen señas de que está todo bien en este circo. Bailemos en éxtasis y que reine la exuberancia de nuestras miserias. Querés que nadie se de cuenta de lo pobre y triste que estás.
Mezclo todo, no domino bien el sentido moral.
¿Caras o caretas? Que no nos domine el pánico y sigamos riendo, bebiendo y consolame mientras lloro.
¿Todo está bien en este circo? Actuemos.
Soy tu corderito que siempre mira hacia abajo, soy el juez y el condenado. El milagro y tu karma.
Corderito que se hace pis encima pero en tus descuidos, me doy vuelta y te meo la espalda.

domingo, 30 de agosto de 2009

Ellos



Ellos caminan, ellos se pelean, ellos se reconcilian.
Ellos caminaban, ellos se peleaban, ellos.
Ahora.
Te advertí pero para vos era demasiado afrontar un problema. Mejor distraernos con besos, decías. Vos me advertías, yo reflexionaba. Yo te advertía y yo te advertía, hablándole a la pared.
Nuestros cuerpos se llamaban.
¿Para qué?
Yo te clavaba mi puñal en el estómago, vos me devolvías una cachetada. Iba una piedra, volvía un adoquín. Las sabanas convertidas en campo de batalla, son testigo.
Tu mano en alto, con la palma abierta apunto del golpe, tu otro arpón besando mi pecho. Mi puñal clavado, la otra mano gozando de dolor.
Hoy miro desde afuera y pienso : Ellos.
Besos, peleas, gritos, sueños, silencios, utopías, verdad y mentira. Sacrificio y comodidad. Introspección y mecanismos de defensa.
"la vista gorda" cuando el incendio de todo esto toma el poder.
De tanto esconder la mugre debajo de tu alfombra, de tanto divertirse para no llorar, un día te sorprendí.
La basura salió de ahí abajo pidiendo su lugar y también ser escuchada. Se detuvo el reloj.
Se cayó la careta y los disfrases. La cuenta regresiva de la duda llegó a su fín.
El fuego termino de consumirse, entonces te vi.
Escuché gritos y un "no me interesa nada de lo que me digas" entonces pensé:
" Ni mil terapias pueden ayudarme a hacer malabares con tanta superficialidad"

sábado, 2 de mayo de 2009

Buenos Aires (nos cagamos en todos)


En Buenos Aires tenemos lo que merecemos, lo que queremos. A nadie le importa la política, pero nos quejamos de los políticos. Y Siempre el voto correcto. En Argentina todos opinamos de todo, sabemos todo! ¿sabemos todo?
Un cáncer: Opinología Nacional.
En Buenos Aires tenemos la pija mas grande del mundo: el obelisco, todo un orgullo.
El clásico pensamiento retrograda con la utopía y la eterna espera de que vuelva un Perón o que aparezca otro Maradona para llenarnos la vida, y ver al Monumental lleno , así así, todos cantando el himno nacional y sentirnos verdaderamente argentinos.
Un partido se vuelve de vida o muerte, nos amarga la semana si vemos a nuestro equipo perder o si nos roban otra vez.
Proyecciones de la frustración.
Canalisamos nuestra ira y nuestros fracasos en bocinasos por el medio de la calle, crucamos los semáforos en rojo (solo picardía) y si tenemos la buena suerte de matar a alguien, por supuesto que seguimos de largo!
Seguimos de largo, miramos para el costado, hacemos la vista gorda, SI TOTAL NO PASA NADA.
Nos enpilchamos bien y compramos el ansiado autito, aunque en nuestros bolsillos solo reclamen las pelusas. Eso no importa! lo importante son las apariencias.
¿Quién la tiene más larga?
Evangelios traficantes de este "paraíso" errante, las plazas y los juegos infantiles vacíos: la inocencia no se pierde, la roba el cerdo que come del infante que trabaja y que dejó los autitos guardados en sus recuerdos. Los marginales son moneda corriente y ahí lo vemos, al postulado político abrazando a esa nena rodeada de miserias...
Viva la selección !! vivan los próceres y sus hasañas!! gracias a ellos tenemos un feriado...no sabemos de qué o qué se conmemora.
En Buenos Aires nos miramos mal, dudamos de todo , nos hacemos mierda, nos dejamos de lado, total el QUE SE CAGUEN en algo va a terminar.
¿Quién diría algo si hoy salgo a matar?
Mejor distraerse.
Prender la tele y ver esos hermosos culos operados y esas tetas bien infladas! la violencia sin libreto, las parodias, los artistas y ese canal con su misa.
Aconsejo, mirarse al espejo.
Nos quejamos, nos odiamos, nos amamos y pretendemos que la cosa cambie. La cosa no cambia en los demás, en el otro, la cosa la cambiamos todos.
Aconsejo, mirarse al espejo.

Pintura : Oleo s/madera - 50x70 cm - 2005

miércoles, 10 de diciembre de 2008

En el viejo rincón


Sin descanso y sin dormir, las horas espesas tardan en pasar: "...Son las nueve, yo creí que eran las tres. ¿Qué diferencia hay? el sueño va a llegar..."
El tiempo se presta para hacer de él lo que quiera, pero también tengo ganas de no hacer nada. El limbo se hizo presente, estoy molesto con mi nada.
Hay una dimensión entre el tiempo y mi cuerpo: el viejo rincón.
Recuerdo y revuelvo.
Nuevamente el frío, oír un silencio denso, la piel sin tacto. Me acobardan estas primeras sensaciones al volver acá, (estuve exiliado) pero son sólo souvenirs del pasado.
Hoy es hoy.
La velocidad del viaje hace que perdamos el rastro de nosotros mismos. Todo sucede mientras la piel recolecta las marcas de cada batalla librada: cicatrices latentes independientes del giro del reloj. Todo casi sin darnos cuenta.
Al juego de la vulnerabilidad, sólo nos queda volvernos estrategas insensibles, fríos, impiadosos.
¿Por qué?
Por que conocimos el vacío y es por eso que nuestro paladar conserva ese sabor.
Perdemos la adorable inocencia.
Ya estuve en el viejo rincón, lo conozco y no se le teme a lo conocido, dicen.
Sigo sin dormir. Sigo sentado en el viejo rincón.
Esta vigilia me descubre en el puto rincón, vuelvo a revolver la mugre y sentir aquel sabor entre los labios, es inevitable. Ahí, entre tantos licores amargos, entre tantas guadañas y tantas promesas de las buenas (las que no se cumplen nunca) te veo a vos. También estás en el viejo rincón, sin dudas perteneces a ese pasado.
Ahora el presente, el cuerpo en penumbras y vivo, esa es tu condena.
Vivo y en muletas.
En muletas y vivo.
¿Por qué?
Por que pudimos atravesar al viejo rincón, salimos del oscuro rincón y todo nuestro miedo quedó guardado en el viejo rincón.

¿Vos estuviste en el viejo rincón?

jueves, 14 de agosto de 2008

Absorto


Estás absorto, en otro lugar o en el lugar de siempre. Desde ese rincón, desde la oscuridad ves a los demás, analisás cada jugada, tus estrategias en pensar dos veces que ficha mover antes de actuar. Nadie se percata que estás ahí.
¿Qué hubo en tu pasado? por algo estás escondido, dentro de vos mismo. Seguro.
Estar absorto es tu mecanismo de defensa. Te sentís resguardado, en defensa de tus propias sombras. Sombras distorsionadas producto de tu temor: sos un cagón.
¿Cuál habrá sido tu historia?
Yo sí me percato que estás ahí. Conmigo no.
Observo tus movimientos de trinchera, cuidándote de los estruendos.
Pienso sacarte de los pelos y prenderte la luz. Ponerte el descubierto y ver cómo tu cara se trasforma de la desesperación de no saber como reaccionar, ni saber para donde correr .
Un golpe de golpe.
La necesidad del refugio no es la salida, nene. Nene cagón. No hay salida.
Arrojate a las leyes del riesgo: ganar/perder/dudar/temer.
Ser Kamikaze.
No hay excusas. Aprender a saborear el dolor y deleitarse del banquete de crecer. El famoso miedo de crecer.
Habrá guadañas, querrán comerte los ojos, pondrán tu cabeza al remate, pero no te quiero ver absorto sin la posibilidad siquiera de perder. El temor quita toda posibilidad.
Tengo un juego a pura adrenalina para vos: salir a arriesgarse.

A Edgardo B

jueves, 24 de abril de 2008

No des la espalda

¿Qué te está pasando?
No te dejés llevar por la facilidad de tirar la toalla. La oscuridad te sienta bien entre las frazadas, pero asfixia. Es peligroso. Ese túnel te resguarda creyendote seguro, pero te despoja del jugo de vivir, de sentir el filo del riesgo de saber que no sabemos nada.
La incertidumbre da golpes bajos, podés reaccionar y ponerte en movimeinto, o quedarte acurrucado en el rincón, quieto.
No temas. No des las espalda.
Estar en la lona: intentar ponerse de pie y volver convaleciente.
Nadar en la incertidumbre.
Aprender a saborear el vacío, sentirle un poco el olor a la derrota, la sabrosa sensación de la nada.
Tiempos de luto, horas de sanar. Cicatrices que se abren cada tanto, pero tiene que ser la propia sangre la que nos devuelva enteros al río.
Uno es el que apuesta, el que arriesga, el que gana, pierde y nadie lo entiende. Sólo vos. Vos temblas. Vos reís. Vos dudas. Vos escribis tu historia. Vos estás solo. No me des la espalda!
A sentir los sentidos, a buscar el deseo de desear. Dame ese gusto, no girés hacia atrás, date vuelta y miráme.
Dejémonos llevar por el destino sinónimo de lo incierto.
Descartá el temor al conflicto, el mismo que ahora muestra tu espalda.
Fuerzas recíprocas.
Brindemos por el pasado pesado y volvamos a servir otra copa urgente del valor de andar, sin saber qué va a pasar.

El agua fría golpea las lagañas. Levanto la vista y estoy frente al espejo. Una vez más le hablo al reflejo que tengo enfrente.


(El dibujo hecho con lapicera en una hoja de carpeta)

jueves, 24 de enero de 2008

sábado, 12 de enero de 2008

En lo recóndito

En lo recóndito busco, te busco. Revuelvo cosas, siento olores, abro cajones y veo cosas que
mejor no ver : miserias.
Orgullo de cotillón. Miedos. Viejos miedos.
Todo está ahí, en lo recóndito, aunque no lo sepamos o no nos querramos dar cuenta.
¿Alguien busco ahí?
Vestido de pasado sucio, manchas de olvidos en fotos borrosas. Busco un poco más y te encuentro a vos sonriendo, ocultando tus cartas pero te las descubro, te dejo al descubierto, desnuda. Así empezamos nuestro juego, seguimos este juego, a los porrasos.
En lo recóndito me veo sin vos hace una semana.
Tic - Tac - Tic - Tac.
La distancia se acorta con urgencia de mensajes y todo parece volver a su lugar.
Todo está dispuesto a ver lo que habitualmente negamos.
Miramos para el costado. Pero ahora no hay nada en qué hacer foco, estoy en lo recóndito.
Esta soledad me descubre, es distinta, me redescubro.
El tiempo sobra, alcanza para todo, lo suficiente como para encontrarme en lo recóndito.
¿Quién se atreve a entrar en este lugar?
Una semana y el desierto frente a mi, nadie mas. Inevitable reencuentro que me lleva a revisar.
¿Ahora qué puedo hacer?
Una catarsis de palabras, un vómito más.
Y esperar salir.
Por mi, por vos, por nuestro juego.

domingo, 8 de julio de 2007

Anónimos

El boceto de Anónimos, mucho tiempo después retomado y retocado.

miércoles, 13 de junio de 2007

Crisis.


¿Te ahogaste en preguntas? esas que cuando respondés, surgen otras más complejas, difícil de responder, haciéndote dudar de vos mismo y de la respuesta que podes dar. Ser sincero consigo mismo. Enrroscarse.
Hoy pasa. Es sentir que nada es seguro, si lo que es seguro, parece no serlo, abrazándote a la incertidumbre.
Una compañía sabe a nada, tus licores saben amargos, tu garganta se retuerce para no explotar, los ojos se hinchan y el ambiente se tiñe de azul. Brillan las incertezas.
Que alguien me diga si no le pasa o si no le pasó nunca.
Salís a respirar. Caminas sin rumbo, te sentís bien o hacés el intento. Entrás en un bar que te llamó la atención por su colorido y movimiento, pero cuando estás en la barra a punto de pedir, le hechas un vistaso de curiosidad a tu alrededor y te encontrás, de repente, en un sitio denso, lúgubre. Te invade las ganas de estar en tu cama mirando el techo.
Te vas pero cuando estás de regreso sabés que todo fue producto tuyo y que nada era tan denso en aquel lugar.
¿Uno se complica las cosas?
Te acostás con alguien, quedás satisfecho pero sabés que a los cinco minutos de entrar en aquel albergue te querías ir, una vez más gana eso que le dicen orgullo.
Lo peor es al día siguiente, cuando te levantas aliviado, abrís la ventana y todo parece normal, diáfano, pero no es así ; estás en medio del bombardeo, inevitablemente caes en el vacío y el que lo conoce sabe de qué hablo.
¿Hasta cuándo? ¿ Hasta encontrar qué cosa? ¿ A quién?
La respuesta no se queda ahí, te recorre por todos los rincones de la cabeza, esas putas respuestas que no son definitivas.
No te queda otra que seguir.
Saber y aceptar el cartel en la frente, de que estás saboreando la más jugosa Crisis.

Octubre 2006

(La imagen : "Asfixia" - xilografía)

domingo, 18 de febrero de 2007

Gritos



Oleo s/madera - 2005

viernes, 9 de febrero de 2007

Sujeto

Un boceto...Vomitado , verdaderamente vomitado.

Encerrado adentro

Octubre, 2006.